Artistas tan consagrados como Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel o Rafael entre otros muchos, no han sido capaces de idear un modelo de belleza único y universal; al contrario, la belleza cambia con las razas, los países y las épocas. Sin embargo, existen rasgos considerados por todos como jóvenes y atractivos. Estos rasgos son: La simetría, los contornos convexos, proporcionados y lisos, y una piel con textura, tono y color uniformes.

  La cara envejece como respuesta a múltiples factores que actúan con mayor o menor intensidad en cada persona.

       1º.-  El papel del COLÁGENO: En la piel envejecida hay menos colágeno tipo I, que es el colágeno de la piel. Los fibroblastos, que son las células encargadas de fabricar el colágeno, también están disminuidos y proliferan más lentamente; y también lo está el A.R.N.m del colágeno tipo I.

Clínicamente, la piel que ha envejecido por el sol tiene arrugas gruesas, mientras que en la que ha envejecido naturalmente las arrugas son mucho más finas. AMBOS TIPOS DE ARRUGAS SE DEBEN A LA PÉRDIDA DE COLÁGENO EN LA PIEL

       2º.- El SOL: Su efecto se conoce como fotoenvejecimiento y se produce fundamentalmente en la epidermis y parte superior de la dermis. Disminuyen el colágeno y la elastina, se modifica la arquitectura entrelazada del colágeno y el espacio que deja el colágeno desaparecido es rellenado por un tejido elástico anómalo. Esto se denomina elastosis solar.

  Seguramente, el sol sea el factor que mayor capacidad tenga por sí mismo de envejecer nuestra piel. Produce manchas, cambios en la coloración, queratosis, arrugas gruesas, aspecto seco, descamado y mate, y posteriormente piel apergaminada.

       3º.-  Pérdida de GRASA: Toda la piel de nuestro cuerpo lleva debajo un colchón de grasa llamado hipodermis o tejido celular subcutáneo.

Este colchón graso es el responsable en mayor medida de nuestro aspecto externo. Con el paso del tiempo esta grasa se va atrofiando, de tal manera, que nuestros rasgos pasan de ser redondos y plenos, a hundidos y angulosos.

       4º.- Cambios MUSCULARES: Los músculos que producen los movimientos de nuestra cara están unidos a la piel, por lo que su acción produce unos pliegues que se localizan en distintos lugares según riamos, lloremos, nos enfademos etc. Estos pliegues, producidos continuamente a lo largo de una vida dan lugar a las llamadas “líneas de expresión”, como las arrugas horizontales de la frente, las “patas de gallo” etc.

       5º.-  Pérdida de ELASTICIDAD y acción de la GRAVEDAD:  Se reduce la capacidad de estiramiento de la piel haciéndola más sensible a la acción de la gravedad, lo que da lugar a que se forme un exceso de piel que se pliega y se descuelga.

       6º.- Alteraciones de las ESTRUCTURAS DE SOPORTE (huesos y cartílagos):   El hueso pierde calcio y es reabsorbido, por lo que disminuye el volumen de la cara. Por otro lado, el efecto de la gravedad produce en los cartílagos otros aspectos conocidos de la vejez, como por ejemplo la caída de la punta de la nariz.

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